Muchas personas llegan a su primera sesión de terapia con la misma pregunta: «¿Qué me pasa?». Y casi siempre la acompaña otra que no se dice en voz alta: «¿Hay algo malo en mí?»
Esta segunda pregunta suele venir cargada de culpa. Culpa por no estar bien cuando «todo debería ir bien». Por no poder con lo que otras personas parecen llevar sin problema. Por necesitar ayuda.
Este mes de octubre, con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, me pidieron que eligiera un mito que me gustaría desmontar o un consejo que me gustaría dar. Como no soy muy fan de dar consejos y mi pasión es desmontar mitos, elegí este: «La salud mental es solo una cuestión personal». La precariedad, las injusticias y las desigualdades influyen directamente en el bienestar de las personas. Y cuando no lo tenemos en cuenta, la culpa encuentra mucho terreno donde crecer.
Ya escribí en este blog sobre el impacto del contexto social en la salud mental desde el lugar de quienes acompañamos en terapia. Esta vez quiero mirarlo más desde el lado de las personas que sufren. ¿Qué relación hay entre la culpa y el contexto social cuando el malestar se cuenta como si solo fuera individual?
Buscar el fallo dentro de ti
Vivimos rodeados de mensajes que nos dicen que todo depende de nosotros. Que con actitud se puede con todo, que si quiers, puedes. A veces esos mensajes animan. Pero tienen una cara menos amable: si todo depende de ti, cuando las cosas no van bien, la responsable también eres tú.
Así, sin darnos cuenta, empezamos a buscar el fallo en nuestro interior. En nuestra forma de ser, en nuestra falta de fuerza de voluntad, en cómo gestionamos las emociones. Y dejamos fuera factores que también forman parte de la historia, como el trabajo que tenemos, la casa en la que vivimos, el dinero del que disponemos o las personas con las que contamos. Y también lo que se espera de nostros según nuestra edad, nuestro género o nuestro origen.
Michael White y David Epston, que dieron forma a la terapia narrativa, observaron que las historias que contamos sobre nosotros mismos se construyen con las ideas que circulan en nuestra cultura. Cuando esas ideas solo señalan hacia dentro, la historia que acabamos contándonos suele ser una historia de fracaso personal.
El contexto también entra en la sala de terapia
La Organización Mundial de la Salud reconoce que en la salud mental intervienen factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales, y que la pobreza, la violencia y la desigualdad aumentan el riesgo de sufrir problemas de salud mental. En el ámbito laboral, señala también la inseguridad laboral, las cargas excesivas y la discriminación.
En la consulta, todo esto aparece con nombres y caras concretas. Contratos que se renuevan mes a mes. Alquileres que se comen casi todo el sueldo. Cuidados que recaen siempre sobre las mismas personas, casi siempre mujeres, como contaba «El cansancio que nadie nombra». Comentarios por el acento, el origen o la edad. O, simplemente, no tener una red de apoyo para cuando las cosas se ponen dificiles.
Ninguna de estas cosas figura en un informe clínico. Pero muchas están detrás del insomnio, de la ansiedad o del agotamiento por el que las personas llegan a buscar ayuda.
Dos historias, la misma culpa
Te cuento dos historias. Las he construido con pedazos de muchas de las historias que he acompañado, y los nombres y los detalles son inventados.
Marta tiene 31 años y es periodista. Lleva años enlazando colaboraciones y contratos cortos, y vive en un piso compartido con dos personas a las que no conocía previamente. Vino a consulta porque creía tener «la autoestima por los suelos». Se comparaba con sus amigas del colegio, que ya tenían casa, pareja e hijos, y sentía que ella se había quedado atrás. Al ir conociendo su vida apareció la versión de una mujer que llevaba años manteniéndose sola con trabajos inestables y que no había dejado de escribir, que era lo que de verdad le gustaba. Su supuesto fracaso tenía mucho que ver con los sueldos y los alquileres de la ciudad en la que vive.
Carmen tiene 54 años. Trabaja media jornada y, desde hace tres años, cuida de su madre que tiene Alzheimer. Su médico le había hablado de la depresión y ella se llamaba a sí misma «floja». Parecía que había perdido el interés por todo y a veces lloraba en el coche antes de subir a casa. Nadie le había preguntando cuánto dormía, cuándo había tenido un día libre por última vez o con qué ayuda contaba. Cuando lo hablamos, su respuesta fue muy clara: dormía poco, no había tenido un día libre en meses y apenas tenía ayuda.
A ninguna de las dos mujeres le faltaba voluntad ni autoestima. Las dos estaban haciendo lo que podían en situaciones muy duras. Y las dos cargaban, además, con la culpa por no poder hacer más.
La persona no es el problema
En terapia narrativa partimos de la idea de que la persona no es el problema; el problema es el problema. A esta forma de trabajar la llamamos externalización. Separar a una persona de los problemas que le afectan permite mirar esos problemas con más distancia y preguntarse cosas que de otro modo, no serían visibles: cuándo apareció este problema en tu vida, qué lo alimenta, en qué momentos pierde fuerza.
Con Marta empezamos a hablar de esa sensación de fracaso como si fuera algo que se había ido colando poco a poco en su vida. Se alimentaba de las comparaciones, sí, pero también de una idea que nos dimos cuenta de que era muy extendida en nuestra sociedad: a los treinta deberías tener la vida «resuelta», da igual cuánto cuesten los pisos o lo inestable que sea tu trabajo. Carmen le dio un nombre al agotamiento. Y entendió que lo alimentaban la falta de apoyos y una creencia que traía de su infancia: que una buena hija se tiene que encargar de todo sin pedir nada a cambio.
Al empezar a mirarlo de esta forma, empezamos a entender otras cosas. Marta había mantenido su pasión por escribir contra viento y marea y tenía una red de amigas que la acompañaba en los peores momentos. Carmen se las arreglaba para cuidarse mínimamente en medio de todo el caos que vivía con pequeñas cosas que, casi se nos escapan: la llamada de los domingos con su hermana, la música en el coche cuando iba conduciendo al trabajo, un paseo corto antes de volver a casa. Pequeños gestos que hablaban de lo que les importaba y de cómo resistían un problema que pretendía dominar sus vidas.
Considerar el contexto y entender su influencia no les quita responsabilidad a las personas ni capacidad de actuar. Muchas veces, cuando se aligera la carga de la culpa, queda más energía para pedir ayuda, hacer cambios o encontrarse con otras personas que viven lo mismo.
Preguntas para explorar tu propia historia
Si algo de esto te resulta familiar, quizás te ayuden estas preguntas. No hay respuestas correctas o incorrectas. Solo pretenden ofrecer otras formas de entender lo que te afecta:
- ¿Qué estaba ocurriendo en tu vida cuando empezaste a sentirte así?
- ¿Qué parte de lo que vives tiene que ver con tus circunstancias, más que contigo?
- ¿De dónde vienen las ideas sobre lo que «deberías» haber conseguido ya a estas alturas de tu vida? ¿Te benefician o te perjudican estas ideas?
- ¿Qué haces cada día, aunque sea algo aparentemente insignificante, para que este malestar no ocupe toda tu vida?
- ¿Con quién podrías compartir lo que estás viviendo?
Escuchar la historia completa
Este año, la Federación Mundial para la Salud Mental eligió como lema para el Día Mundial de la Salud Mental Lived Experiences Heard: Real Voices, Real Change. Viene a decir que, si queremos que algo cambie de verdad, hay que escuchar a quienes viven ese malestar en primera persona.
Escuchar de verdad a alguien que sufre implica interesarse también por su vida: dónde trabaja, cómo vive, qué apoyos tiene y qué le falta. Pedir ayuda profesional sigue teniendo sentido, y no hace falta esperar a que cambie el mundo para empezar a estar mejor. Pero el malestar tiene una historia y esa historia casi nunca empieza y termina en el interior de la persona.
Quizás reconocerlo no elimine el problema de golpe. Pero puede quitarte un peso que no te corresponde.
Referencias
- Organización Mundial de la Salud. (2022). World mental health report: Transforming mental health for all. https://www.who.int/publications/i/item/9789240049338
- Organización Mundial de la Salud. (s. f.). Mental health at work. Recuperado el 27 de octubre de 2026 de https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-at-work
- White, M. y Epston, D. (1990). Narrative means to therapeutic ends. W. W. Norton.
- World Federation for Mental Health. (2026, 11 de agosto). World Mental Health Day 2026: Announcing this year’s theme. https://wfmh.global/news/2026.26-08-11_world-mental-health-day-2026
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