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Post Ana Turmac, 9 abril, 2025

Factores que influyen en el éxito de la terapia

Manos entrelazadas que simbolizan la confianza y la alianza terapéutica

¿Qué factores influyen realmente en el éxito de la terapia psicológica?

En los últimos años, la oferta de terapias psicológicas ha ido incrementando de manera exponencial. Aparecen nuevas técnicas, modelos, herramientas que prometen resultados efectivos, rápidos, medibles. Ante esta diversidad, es lógico que nos preguntemos: ¿Qué tipo de terapia necesito? ¿Cuál es la más efectiva? ¿Y si no acierto en mi elección?

Pero quizás valga la pena detenerse y reformular las preguntas. ¿Y si los factores que influyen en el éxito de la terapia psicológica no fueran los que solemos imaginar? ¿Y si la eficacia de la terapia no tuviese que ver con «hacer lo correcto» sino con crear las condiciones para que ocurra algo significativo?

Diferentes estudios e investigaciones – como los de Lambert, Horvath o Wampold – vienen mostrando desde hace años que el modelo terapéutico tiene mucho menos que ver con los resultados de lo que solemos creer.

Y entonces… ¿qué es lo que realmente importa?

Este artículo no pretende dar una respuesta cerrada, sino más bien invitarte a mirar la terapia desde otra perspectiva. Una mirada centrada no tanto en la técnica, sino en el tipo de relación que se establece, así como en tu propia participación, dándole un significado al proceso que esté más acorde a ti.

1. La relación terapéutica: un lugar de confianza y colaboración

Más allá de las técnicas o los diagnósticos, la terapia es, ante todo, un encuentro entre personas. El espacio para dejarse ir y hablar de lo que nos inquieta solo se genera cuando nos dan la oportunidad de construir, junto a otra persona, al calor de la empatía, el respeto mutuo y el cuidado. Un espacio donde puedes abrirte libremente sin miedo a ser valorado de manera negativa y, poco a poco, ir encontrando otros sentidos para nuestras preocupaciones.

Una buena relación terapéutica no se basa en que la terapeuta tenga todas las respuestas, sino en la posibilidad de pensar juntas, caminar paso a paso y llegar a construir algo compartido.

2. El protagonismo de la persona que viene a consulta

Es habitual pensar que el terapeuta es quien “soluciona” los problemas que le trae la persona que viene a consulta. Sin embargo, las personas que acuden a terapia ya tienen conocimientos, valores e ideas sobre sus vidas. Lo que ocurre es que, en momentos de dificultad, estos recursos quedan ocultos.

Una terapia que da valor, voz e importancia a esos recursos, en lugar de centrarse únicamente en lo que va mal, permite recuperar agencia, dignidad y conexión con lo que es importante para las personas en la vida.

3. Acordar qué vamos a trabajar y cómo

Una parte importante de la terapia tiene que ver con el acuerdo sobre qué es lo que se ha de trabajar y cómo lo haremos. Este acuerdo no tiene por qué estar cerrado desde el primer día, pero sí conviene que el proceso sea claro, que haya espacio para revisar, para preguntar y para adaptar el camino a tus necesidades.

No se trata de que el/la terapeuta decida por ti, sino de que el proceso tenga sentido para ti.

4. La esperanza como motor

En muchas ocasiones, el simple hecho de sentirse acompañado por alguien que confía en tus posibilidades ya supone un cambio. Es entonces cuando nos damos cuenta de que lo que estamos viviendo tiene sentido, y de que lo que hemos vivido merece ser escuchado con respeto, haciendo visibles formas nuevas de mirar la vida.

La esperanza no es ingenua: es una energía que se fortalece en la relación y que nos permite ir imaginando que otras historias son posibles.

5. Más allá del modelo: el estilo del/de la terapeuta

Los diversos modelos terapéuticos tienen sus propias estrategias, pero el verdadero cambio está en cómo el terapeuta se posiciona e influye en esa relación (la manera de escuchar, la sensibilidad, la curiosidad, el respeto, etc.). Son aspectos que no tienen que ver tanto con la orientación general, sino con cómo ese profesional articula su trabajo.

No es tanto qué método se utiliza sino cómo se va acompañar a la persona que consulta.

En resumen ¿qué hace que una terapia funcione?

Quizás no haya una única respuesta válida a esta pregunta, pero sí sabemos que muchas personas consiguen resultados positivos en terapia no cuando alguien les dice lo que tienen que hacer, sino cuando encuentran un espacio donde su historia puede ser escuchada de forma distinta.

Un lugar donde las personas no se verán sometidas a un diagnóstico, donde no se aplican soluciones hechas de antemano, sino donde se las acompaña hasta hallar la forma de contar sus historias a partir de sus propios valores. Funciona cuando hay alguien dispuesto a escuchar sin juzgar. Donde no se trata de «arreglar» a las personas, sino de acompañar para rescatar aquello que les importa.

Funciona cuando la persona que te acompaña no está por encima, sino al lado, sabiendo que tú eres quien mejor conoce tu vida. Tal vez sea hora de dejar de preguntar «¿cuál es la mejor terapia?» y empezar a preguntarnos «¿qué tipo de acompañamiento merezco?», «¿qué historias sobre mí me gustaría volver a narrar?

Si te interesa profundizar…

Estos estudios y otros han logrado que muchos profesionales nos planteemos no solo qué hacemos en terapia, sino cómo lo hacemos y desde qué tipo de relación.

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