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La historia de María

Érase una vez un mundo en el que las mujeres se encontraban atrapadas en una realidad oculta. El oscuro laberinto de la misoginia interiorizada. Las mujeres eran las principales víctimas del sistema opresor. Al mismo tiempo, se veían arrastradas por sus engaños sin siquiera darse cuenta.

En ese mundo, una valiente mujer, llamémosla María, decidió enfrentarse a esa realidad. Ella prefería hablar de pérdida de la identidad o del sentido de ser, para referirse a los abusos que las mujeres cometen hacia sí mismas y hacía las demás. Y decidió buscar nuevas narrativas contra la misoginia interiorizada.

María creía firmemente que, en algún momento de sus vidas, todas las mujeres acababan cayendo en esta trampa: odiar, rechazar, criticar o calumniar a otras mujeres sin ninguna razón real, creyendo que es solo una cuestión de preferencias personales y no un problema político.

María entendía que la misoginia interiorizada era como una sombra que se colaba en cada rincón de la vida. Amigas criticando a sus iguales, mujeres que se avergüenzan de sus propios cuerpos al mirarse en el espejo, compañeras de trabajo que calumnian a sus iguales, mujeres que compiten por la atención de un hombre, incluso conviviendo en la misma casa.

Las historias colectivas

Cada vez se habla más de la “misoginia interiorizada», esa proyección inconsciente de ideales sexistas que tienen las mujeres hacia sí mismas y hacia las otras.

El odio interiorizado de mujeres hacia otras mujeres se manifiesta de diferentes formas, desde el abuso y el menosprecio hasta el rechazo y la crítica sofisticada. Las mujeres se juzgan a sí mismas y a otras mujeres, alimentando, de esta manera, una perspectiva cruel y machista que las divide.

En nuestro mundo, los mandatos culturales y sociales dictan cómo deberían ser las mujeres. Estas ideas están arraigadas en nuestras mentes, llevándonos a cometer actos abusivos contra otras mujeres o contra nosotras mismas.

Para la protagonista de nuestra historia ha llegado el momento de cambiar la relación que tiene consigo misma y con las demás mujeres. Para conseguirlo, ella cree que es importante visibilizar su historia personal de violencias y abusos. Igual de relevante es situarse en la narrativa colectiva de otras mujeres que han sido oprimidas en otros tiempos. De esta forma, se siente acompañada en su camino.

María quiere compartir con todas las mujeres el conocimiento que tiene ahora sobre la misoginia interiorizada. Las mujeres deben encontrar maneras de permanecer unidas, respetando sus diferencias y tratándose con respeto, tanto a sí mismas, como a las demás. Las mujeres como María saben que se merecen ser tratadas con dignidad, ocupar los mismos espacios en la sociedad y estar representadas en todos los ámbitos de la vida. Pero, sobre todo, saben que tiene derecho a elegir cómo quieren vivir sus vidas sin que nadie menosprecie sus decisiones ni atente contra sus libertades.

Así es como María y otras mujeres pueden empezar a tejer nuevas narrativas contra la misoginia interiorizada, cuyo protagonista es el respeto, liberándose de la misoginia interiorizada. Con cada historia como ésta, el mundo se convierte en un lugar más equitativo y justo, donde todas las personas pueden prosperar sin miedo a ser juzgadas por otras. La unión y el respeto se convierten en auténticos actos de protesta contra el sistema que promueve el odio entre iguales. 

Y aunque la lucha no es fácil, María y otras mujeres de este mundo saben que están en el camino correcto. El poder de la solidaridad y del respeto derribará los muros del odio, liberando a todas las mujeres para que puedan vivir sus vidas según sus preferencias, sin más limitaciones ni sombras del pasado.