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Post Ana Turmac, 4 julio, 2018

Documentos terapéuticos en terapia narrativa

Pluma sobre un folio, representando la escritura como herramienta de transformación en terapia narrativa.

Cuando la escritura se convierte en una herramienta terapéutica

En terapia, el lenguaje no es solo una forma de contar lo que vivimos; es una herramienta para el cambio. Las palabras que usamos para nombrar nuestra experiencia moldean la manera en que la entendemos, y también la manera en que podemos transformarla. Una de las prácticas más creativas y representativas de la terapia narrativa es el uso de documentos terapéuticos: textos escritos que se generan durante o después de las sesiones para expandir historias, visibilizar habilidades y fortalecer la capacidad de acción personal.

Estos documentos no son registros clínicos ni informes. Son co-creaciones entre la persona y la terapeuta, y tienen el potencial de convertirse en recursos duraderos mucho más allá del espacio de consulta.

Un gesto terapéutico y político a la vez

Los documentos terapéuticos tienen su origen en el trabajo de Michael White y David Epston, los creadores de la terapia narrativa. En su obra Medios narrativos para fines terapéuticos (1990), ambos autores desarrollan la idea de que la terapia puede entenderse como un proceso de «contar» y «volver a contar» las vidas de las personas. Desde esta perspectiva, la escritura no es un complemento de la terapia, sino una práctica terapéutica en sí misma.

Fue especialmente David Epston quien incorporó los documentos escritos como parte central de su trabajo terapeutico. Epston desarrolló la práctica de escribir una carta a la persona o familia tras casi cada sesión, de modo que ese texto se convirtiera en el único registro de lo trabajado, compartido a partes iguales entre terapeuta y consultante. Este gesto tiene una dimensión política importante:

La ‘historia clínica’ es prácticamente compartida por familia y terapeuta. Esta conducta supone una significativa incursión en una relación más igualitaria entre profesionales y cliente. — White y Epston, 1990

La historia de la consulta deja de pertenecer al sistema sanitario y pasa a ser un relato de las dos partes. Quien consulta deja de ser el objeto del documento para convertirse en su co-autora.

Para qué sirven

Los documentos terapéuticos sirven para varias cosas que la conversación oral no siempre puede hacer sola. El texto escrito permanece: puede releerse en momentos difíciles, compartirse con personas significativas, o simplemente sostenerse en las manos cuando la memoria de lo trabajado empieza a desdibujarse.

Más concretamente, estos documentos ayudan a visibilizar conocimientos y habilidades que la persona ya posee pero que han quedado en la sombra de la narrativa del problema. Ayudan a consolidar los cambios que se van produciendo a lo largo del proceso. Y amplían la audiencia del cambio: cuando alguien puede compartir un documento con personas de su entorno, lo que se ha movido en consulta deja de existir solo dentro de la sala de terapia.

Tres tipos de documentos, tres propósitos diferentes

Hay muchas formas posibles de documentos terapéuticos. Aquí me centro en tres que uso con frecuencia en mi práctica y que ilustran bien la variedad de funciones que puede cumplir la escritura.

Cartas terapéuticas

Las cartas son el tipo de documento más frecuente en la práctica narrativa. Pueden adoptar formas muy diversas dependiendo de su propósito.

Cartas de despido al problema

La persona se despide del problema de manera formal, explicando por qué ya no necesita de su presencia y qué ha aprendido de esa relación. Son documentos de cierre y de celebración que convierten la distancia ganada respecto al problema en algo concreto y sostenible.

El siguiente ejemplo es una carta de despido real, escrita por una mujer adulta al término de su proceso terapéutico. La carta va dirigida a la Tristeza, el problema que había ocupado durante meses el centro de su vida:

EJEMPLO REAL · CARTA DE DESPIDO A LA TRISTEZA (MADRID, 2016)

Estimada Tristeza,

Siento comunicarte que desde hoy dejarás de prestar tus servicios para mí. Apareciste por sorpresa y has disfrutado de dos meses de prácticas donde has hecho lo que has querido conmigo, pero ya no hay cabida para ti en mi vida puesto que no me aportas absolutamente nada de lo que necesito.

En estos dos meses, has hecho que me sintiera mal, muy mal. Hacías que no tuviera ganas de levantarme por las mañanas, que no tuviera hambre y no comiera, que no tuviera ánimos para ver la tele, leer un libro, ir de vacaciones, hablar con mi marido o ver a mi sobrino. Has sacado lo peor de mí, porque durante este tiempo, no he sido yo: has sido tú manejando mi cuerpo y mi mente a tus anchas.

A pesar de todo, tu presencia ha hecho que me diera cuenta, con el paso de muuuchos días, de lo que tengo en mi vida, y a valorarlo. (…) Tú te vas, pero mi amor por él crece más si cabe. Siento a mi marido más cerca que nunca. Siento que nuestra relación es sólida, sincera e indestructible.

Atentamente, María

Estos son algunos elementos narrativos de esta carta: el problema está externalizado – la Tristeza tiene nombre propio y actúa como personaje -, se describen con detalle sus efectos sobre la vida cotidiana y las relaciones, y la carta termina con un giro hacia lo preferido: lo que la persona ha descubierto que valora. No es un texto clínico. Es un acto de re-autoría.

Carta resumen de sesión

Recogen lo más significativo de una conversación terapéutica, utilizando las propias palabras de la persona. No son informes clínicos, es terapia relatada por escrito, que devuelve a la persona la protagonista de su propio proceso.

El siguiente fragmento pertenece a una carta de reflexiones enviada por la terapeuta a María tras una sesión:

Estimada Laura,

Desde que nos despedimos sigo pensando en la pregunta que me hiciste: si creo que te falta madurez. Me quedé con ella, y quiero compartir contigo lo que ha ido apareciendo.

Tengo que confesarte que no sé muy bien qué hacer con el concepto de «madurez». Cada vez que intento agarrarlo se me escapa un poco. Me pregunto de dónde viene esa palabra, quién la puso ahí, y si alguien nos preguntó alguna vez si nos representaba. ¿A ti te lo preguntaron?

Esto me lleva a otra pregunta que se me quedó dando vueltas después de nuestra conversación: ¿qué pasaría si ese molde – el de la mujer de 35 años que debería ser de cierta manera – no fuera tuyo? No porque estés por encima o por debajo de él, sino porque quizás está hecho para otra persona.

Y entonces recuerdo algo que tú misma escribiste en diciembre, algo que no me ha abandonado desde que lo leí: si me miro a mí misma sin compararme con los demás, me gusta como soy.

Me pregunto qué ocurre en esos momentos en que logras mirarte así. ¿Cómo lo consigues? ¿Qué tiene que pasar para que esa mirada aparezca?

Con mucho cariño,

Ana

No se ofrece una respuesta «técnica», sino que se devuelve la pregunta convertida en exploración. El texto cuestiona los marcos normativos que definen lo que una mujer «debería» ser, y cierra con las propias palabras de María, devolviéndole la autoría.

Certificados y diplomas

Los certificados son documentos que dan testimonio formal de un logro, aprendizaje o cualidad que la persona ha demostrado a lo largo del proceso terapéutico. Son especialmente potentes en el trabajo con niños, niñas y adolescentes, aunque también se utilizan con personas adultas.

Un certificado puede nombrar a alguien como «experta en reconocer sus propios límites», o reconocer que alguien «ha demostrado una valentía extraordinaria al enfrentarse a sus miedos». El poder de estos documentos reside en que hacen visible y oficial algo que antes solo existía de manera implícita: la competencia, la resistencia, el conocimiento propio de la persona.

Cuando se entregan en un acto de ceremonia, con personas significativas presentes, el impacto puede ser profundo: el cambio es presenciado y reconocido colectivamente, lo que refuerza su anclaje de identidad.

Contradocumentos

Los contradocumentos surgen como respuesta directa a documentos oficiales que han tenido efectos negativos sobre la identidad de la persona: diagnostico, informes escolares, expedientes, etiquetas. Frente a esos documentos que definen a la persona en términos del problema, el contradocumento ofrece una versión alternativa, más compleja y justa de quién es esa persona.

Este tipo de documentos tiene una dimensión política clara: cuestiona la autoridad de los sistemas que producen discursos sobre las personas y les devuelve la autoría de su propia historia.

Declaraciones de identidad y autocertificados

Las declaraciones son textos en los que la persona enuncia, en primera persona, quién es, qué valora, qué ha aprendido y hacia dónde quiere ir. A veces, se redactan como manifiestos personales o como compromisos consigo misma.

Los autocertificados son una variante en la que es la propia persona quien se otorga el reconocimiento, sin necesidad de que venga de una figura de autoridad externa. Este gesto tiene una potencia particular en aquellas personas que han crecido buscando la validación de otros.

Cómo se redactan: principios narrativos para la escritura terapéutica

Redactar un documento terapéutico requiere creatividad, cuidado y fidelidad a los principios del enfoque narrativo. No se trata de escribir bien en sentido literario, sino de escribir de manera que el texto sea terapéuticamente significativo. Algunas orientaciones son clave:

Un ejemplo de documento terapéutico en la práctica

Un buen ejemplo de esta práctica es el texto Lo que aprendí de la violencia, co-creado durante un proceso de terapia individual con una mujer adulta que estaba explorando los efectos del acoso escolar vivido en su infancia. este documento no es un informe clínico ni un resumen de sesión: es un relato en primera persona que recoge aprendizajes, sus recursos y los valores que emergieron al contar su historia de una manera diferente.

Lo que hace de ese texto un documento terapéutico no es únicamente su contenido, sino cómo fue escrito: con las palabras de la persona, desde su perspectiva, visibilizando su agencia y su conocimiento. El texto no habla de lo que le pasó, sino de lo que ella hizo con lo que le pasó. Esa distinción es central en la terapia narrativa.

También en el artículo publicado en el Blog del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid puedes encontrar más ejemplos gráficos de distintos tipos de documentos terapéuticos aplicados en contextos clínicos reales, incluyendo cartas de resumen de sesión y diplomas utilizados en terapia infantil.

Conclusión: escribir para re-existir

Los documentos terapéuticos son mucho más que una técnica. Son una forma de honrar la historia de las personas, de hacerla visible y de darle un lugar en el mundo. Cuando alguien puede sostener en sus manos un texto que recoge quién es, qué ha vivido, que ha aprendido y hacia dónde quiere ir, algo ocurre que va más allá de las palabras.

En terapia narrativa partimos de a idea de que las personas no son el problema; el problema es el problema. Los documentos terapéuticos materializan esta idea: separan la identidad de la persona de la narrativa del problema y abren espacio para que emerja una historia más justa, más compleja y más propia.

La escritura terapéutica es también un acto político. En un mundo que constantemente produce discursos sobre las personas – diagnósticos, etiquetas, expedientes -, devolver la autoría de la propia historia es un gesto que tiene consecuencias. Escribir juntos, terapeuta y persona, un relato alternativo es una forma de resistencia y de re-existencia.

Al final, todos nos convertimos en las autobiografías a través de las que contamos nuestras vidas – Jerôme Bruner (2003)

En terapia narrativa, trabajamos para que esas autobiografías sean más justas, más complejas y profundas. Los documentos terapéuticos son uno de los caminos para lograrlo.

Referencias bibliográficas

TERAPIA, MEDIACIÓN Y FORMACIÓN

La persona no es el problema. El problema es el problema

Ofrecemos servicios de terapia, mediación y formación con perspectiva de género, inclusiva y una ética de trabajo basada en el respeto profundo por las personas y sus historias de vida
Pluma sobre un folio, representando la escritura como herramienta de transformación en terapia narrativa.